Tuesday, November 14, 2006

Tanto.

Tanto tiempo. Cuando apenas amanecía, podría ya haber adivinado el porvenir de esas redes. Era evidente que se volverían indestructibles; forjadas de madrugadas repletas de sintonía y borracha felicidad. Los inviernos, abrazados a las paredes de la guarida que se animara a encerrarnos, y los veranos, ante la agonía de una terraza que desbordaba de risa psicópata.
Duele el tiempo, duelen las agujas. Duelen las manos de tanto usar la tijera.
Un nuevo reto asoma, y ya no se si puedo adivinar con certezas el porvenir.
Pero quién dice, no hay mal que por bien no venga. Es potable aferrarnos de frases prefabricadas, dignas de horas de revistas y cortes de pelo, por ejemplo, en el barrio de Palermo; y esas viejas detestables, que hoy hablan por mí.
Tanto tiempo. Cuando casi ni lo creía, el humo ya no se intrometía en mi camino. Dejaba la saliva humana por el llanto, proveniente de una risa casi contemporánea. Grave error y otra vez a endurecer las redes (
mientras cada espectador así lo requiera, millones de situaciones se verán alteradas e invertidas en cualquier espejo. Por ello es entendible que el fuego que nace desde adentro haga más daño en mi que el originado allá afuera. Así mirás vos, o cualquiera, y ríen juntos de este intento de ensayo. Pero yo soy un espectador más)
Tanto tiempo. Cuando más lejos nos perdíamos, más nos pensabamos. No hay perdones, solamente elegimos. Hay elecciones, hay egoísmos. Y la distancia es la consecuencia más pura que encuentro al respecto. Todos los cuatros me remontaban a aquél primero, y éste último me remontó a la nada, y la nada eras vos. Así que nada había cambiado. De todos modos los extremos no llegaron jamás a estar sellados, así que no hubo que romper ninguna red, más que el propio orgullo. A tiempo una vez más.
Tanto tiempo, y muchas de esas caras aún me resultan desconocidas, algunas detestables y otras ni siquiera las veo.
Ha pasado tanto tiempo y emanan de mí tantas otras cosas. Es muy extraño que luego de miles y miles de bombardeos, al revisar el suelo, encuentre siempre al mismo herido. Y el herido no es más que otro tipo de red.
Llegará un día (cercano, no lo duden) en que las manos estén curtidas de tanta tijera, y las redes, desvaneciéndose, no sentirán la fricción. Ese día, al despedir la luz de mi habitación, sabré mi porción de humanidad libre, cuerpomenteialma. Ese día empezaré nuevamente, hasta volver al mismo lugar.

Wednesday, November 01, 2006

Naufragio.

Y si otra vez me toca naufragar, rodeado de rojos y vidrios azules, mezclaré arena y sal con brazos y piernas incansables. No me importa construir la torre que pronto se desmoronará, ni ser el pensador que ya nadie escucha.
La próxima vez que me toque naufragar, ya no te negarás a respirar de mi aire, ni te dignarás, aunque esclavizada en cada instante, a desviar tu mirada de la mía, que acecha y siempre lo hará.
No habrán palabras sueltas, sino versos que desangran contenido. Todo será mentira, de esas que endulzaron tu café durante tantas mañanas. Melodías que renacen en recuerdos, que renacen en lágrimas que no brotan, que renacen en un muro (del que tanto ya hablé), que renacen y que viven en vos.
Pero el naufragio será un eclipse: mostrará su cara más imponente, extendiendo su brillo para los ojos que lo anhelan, desde el sur. Por los otros ojos no hace falta dramatizar; el que no espera después no llora.
Y yo espero, así que me marcho. Al lugar donde se junta la tierra con el cielo, donde jamás se deja de esperar. Pongo pleno a la espera y ésta vez la casa no gana, porque la victoria es la espera en sí, la espera que mi paladar conoce como una madre la razón del llanto de su hijo, y que colabora día a día con el dolor que resulta ya placentero.
Llevando hasta el extremo tal convicción, alcanzo el naufragio, bebo de las aguas en las cuales me pierdo. Y así lo haré, hasta que logre calmar mi sed de vos.