Wednesday, November 01, 2006

Naufragio.

Y si otra vez me toca naufragar, rodeado de rojos y vidrios azules, mezclaré arena y sal con brazos y piernas incansables. No me importa construir la torre que pronto se desmoronará, ni ser el pensador que ya nadie escucha.
La próxima vez que me toque naufragar, ya no te negarás a respirar de mi aire, ni te dignarás, aunque esclavizada en cada instante, a desviar tu mirada de la mía, que acecha y siempre lo hará.
No habrán palabras sueltas, sino versos que desangran contenido. Todo será mentira, de esas que endulzaron tu café durante tantas mañanas. Melodías que renacen en recuerdos, que renacen en lágrimas que no brotan, que renacen en un muro (del que tanto ya hablé), que renacen y que viven en vos.
Pero el naufragio será un eclipse: mostrará su cara más imponente, extendiendo su brillo para los ojos que lo anhelan, desde el sur. Por los otros ojos no hace falta dramatizar; el que no espera después no llora.
Y yo espero, así que me marcho. Al lugar donde se junta la tierra con el cielo, donde jamás se deja de esperar. Pongo pleno a la espera y ésta vez la casa no gana, porque la victoria es la espera en sí, la espera que mi paladar conoce como una madre la razón del llanto de su hijo, y que colabora día a día con el dolor que resulta ya placentero.
Llevando hasta el extremo tal convicción, alcanzo el naufragio, bebo de las aguas en las cuales me pierdo. Y así lo haré, hasta que logre calmar mi sed de vos.

1 comment:

Anonymous said...

pasaba
un abrazo
marco