Otra vez frente a la hoja en blanco, sí, pero, esta vez, hay mucho que plasmar. Tratarás de no divagar tanto, de contar lo necesario, de dar justo en la tecla.
Podrías empezar, como bien aconsejarían muchos que yo conozco, por el principio: el momento del salvataje, las dos únicas opciones, y el desecho de todo eso que te brindó el equilibrio de la supervivencia durante tanto tiempo. Claro, elegir, no elige cualquiera, sin embargo es sólo el primer paso entre muchas cuestiones que deberías lograr sustentar con el tiempo.
Supongamos que aquello estuvo bien, que inventaste una nueva forma de sortear las aguas, incluso, oxigenaste el proceso en sí y le agregaste una gran cuota de originalidad. Navegaste viento en popa, y cuando la cosa anda bien, ríe hasta el más desgraciado. No es mi intención ser injusto, pero en cuestiones como éstas cualquier desliz puede ser castigado, y no es eso lo que quiero para vos. No quisieras hallar vestigios de viejas embarcaciones en los mares que con tanto fuego, y alternando días hermosos con tormentas, a veces pasajeras, pero siempre intensísimas, decidiste transitar.
Es así que lo das todo. Es una tarea ardua, porque debés brindarte pleno, enfrentando coyunturas bien cambiantes, imposibles de cuantificar mediante variables insulsas. Tus intenciones no dejan de ser buenas, pero pecás. Te confundís, y la confusión, dadas ciertas condiciones personales, se pega a la negación de la confusión. Una vez te escuché anhelar esos viejos métodos de antaño; pues bien, no tenés más que estirar la mano y pedir por ellos. Como rebobinar un casette, o como arrepentirse. Pero allí, y así, la ruptura final, definitiva y, cuanto menos, trágica.
Dejaría en cualquier momento este rol tan frívolo, no me gustan los números, soy más partidario de la esencia que del análisis. Pero en noches como ésta, que no hace ni tanto frío ni tanto calor, que se me cierran los ojos pero no tengo sueño, que desearía cerrar los ojos, abrirlos, y leer en el aire que ya es mañana, no hay lugar para sentimentalismos.
Podrías, y permitime aconsejarte, destruirlo todo. Aún los más sabios han sabido reencontrar viejas huellas, y transitar, años después, por senderos que tan bien conocieron, y con motivos respetables, también abandonaron. O podrías, sin embargo, una vez más, enderezar el rumbo de ésto. Los dos sabemos que jamás te estrellarías, pero, ¿Pensaste alguna vez en la importancia de disfrutar el trayecto?