Un sendero sinuoso y prolongado terminó por determinar que mil voces se acallaran; tras varios intentos fallidos se impuso la única que verdaderamente importa. Ni la ansiedad ni el miedo, compañeros tanto en rondas de mate como en rondas de vino, lograron ese efecto paralizante, mundialmente conocido y causante de un sinnúmero de novelas que jamás se terminan de escribir. Si bien es cierto que, con una buena red de sostén hasta las subidas más peligrosas mutan en realizables, el impulso para el despegue, para posicionarse en el mismísimo punto de partida, jamás puede ser externo. Esta vez, dijiste que sí.
La velocidad en la sucesión de los sucesos consiguió que la mayoría de las cosas dejaran de perder naturalidad; pareciera que la relación entre pensar y desnaturalizar hace tiempo que tiende a estrecharse. Ni la compañía ni la soledad trajeron bajo sus faldas nostalgia ni añoranza, semillas de posteriores fracasos, o más bien arrepentimientos. Esta vez no pensaste, hiciste.
Esa gran capacidad para preveer el naufragio y abandonar la nave a tiempo posicionó las cartas de manera que la partida quedara servida sobre tu plato; tras haber dedicado años a tratados filosóficos que pretenden versar sobre la suerte experimentás con la cautela ya característica, lo lindo que es tenerla de tu lado. Ni esbozar un posible final para la película, ni el rumor de las voces virtualmente acalladas apartaron lo relevante en el momento trascendental en el cual se establecen las preferencias. Esta vez no descartaste, elegiste.
Siempre respetando y a veces temiendo la fuerza brutal de lo contingente, decidiste apretar un botón y activar la cámara lenta. Ratificando una nube de conceptos que solés manejar con facilidad, te decidiste a bajar, al menos por un rato. Con una sonrisa recordás el consejo valioso durante el reino de la incerteza; con otra, la multitud de rostros que anhelan verte bien. No idealizás. Dejás fluír y dejás ser, sintiendo poder apartarte y caminar hacia un sitio desde el cual todo pareciera verse mejor. Pero todavía te preguntás si de verdad lo estás logrando.