Wednesday, July 29, 2009

De desincronización.

Nos conoceremos de pequeños. Compartiremos juegos, y bailes. Una noche lluviosa estarás allí parada, tiritando de frío, indecisa pero invulnerable. Será como respirar; gritaré tu nombre sin siquiera haber escuchado tu voz, y te acercarás. Tendremos tanto en común que las primeras palabras serán innecesarias. Así también las últimas.
Nos sabremos víctimas de lo incuestionable, del límite invisible pero palpable, del barro, la basura y del cemento. Y no seremos como los demás. Por momentos nos perderemos, sorteando en soledad las amenazas que caen del cielo con una intensidad similar a la de nuestra primera noche. Por cada bifurcación habrá otro encuentro, en una especie de simetría digna de nuestro dios aparte.
Pero no será sencillo. La desincronización y la necesidad, la ambición y el arrepentimiento, e incluso la sucesión de episodios estadísticamente irreales (que algunos han denominado con la palabra "suerte") irán profundizando el lecho de un río que sólo existe porque lo podemos atravesar. Entre orilla y orilla un poco de la vida; y entre la primera y la última vez, un sólo pensamiento, mutuo, recíproco.
Habrá una multitud en las calles, todos gritando mi nombre. El contraste con tus ansias, color silencio, será aún más impactante. Correrás hasta nuestro punto de encuentro, acordado en promesas de viento y arena, nunca acordado. Corriendo también llegaré, y tomaremos el primer tren que se atreva a alojarnos. El resto de la historia la escribiremos juntos, si es que alguna vez me dejás contarte todo desde el principio.